La moda es identificación y los medios audiovisuales han marcado, más de una vez, su tendencia. James Dean , por ejemplo, impuso desde el celuloide las camisas leñadoras . En el film Rebelde sin causa (1955) convirtió esta prenda, que hasta ese momento sólo era utilizado por los granjeros, en una vestimenta codiciada por miles de adolescentes rebeldes.
Más cercano en el tiempo, John Travolta impuso desde Fiebre de Sábado por la noche (1977), los trajes blancos y la camisa negra como indumentaria casi obligatoria a la hora de ir a bailar durante la explosión de la música disco.
Pero no siempre las modas vinieron de la mano del consumo.
En 1934, Clark Gable puso en jaque a los fabricantes de ropa interior masculina cuando apareció sin camiseta en la película Sucedió una noche. En la escena que marcó esta tendencia, el protagonista de Lo que el viento se llevó, llega a un motel en una de las paradas de un interminable viaje en micro, se quita la camisa para así intimidar a la joven Claudette Colbert, que no estaba decidida a irse de la habitación. Este hecho influyó sobre los norteamericanos que al ver que una estrella – y símbolo sexual- como Gable no la utilizaba motivó que millones de norteamericanos dejaran de usarla y, por ende, de comprarla.
Pero la reivindicación de esta prenda llegó casi veinte años más tarde cuando un entonces ascendente actor llamado Marlon Brando la utilizó en varias escenas de la película Un tranvía llamado deseo (1951) pero ya no como prenda íntima sino como un sustituto de la camisa. Desde ya que se produjo de manera inmediata un repunte en las ventas y los fabricantes de ropa interior, agradecidos.